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Guía sobre los pueblos indígenas de Australia
Un poco de historia
Balas y enfermedades
Cualquier entendimiento actual de lo que es nuestro pueblo ha de basarse en la historia de las relaciones entre los europeos y los aborígenes. Nuestras tierras y nuestro sustento fueron expropiados por la ley británica y la violencia colonizadora. Las fronteras se han movido a lo largo del continente desde 1788 hasta este siglo, y como consecuencia la población aborigen ha disminuido rápidamente.
Con su llegada, el hombre blanco introdujo enfermedades contra las que los aborígenes no tenían inmunidad. Las epidemias de viruela diezmaron a numerosos grupos de población costera a principios del siglo XIX, e incluso ya en el siglo XX, en la década de los años cincuenta, grandes cantidades de personas murieron como consecuencia de brotes de gripe y sarampión en las regiones de South Australia y Northern Territory.
Una de las formas en las que los británicos establecieron su autoridad fue mediante colonos que portaban armas por si se encontraban con aborígenes "hostiles", ya que creían que estaban en "territorio enemigo". El mito del asentamiento pacífico de Australia no se sostiene en la realidad de los hechos: es posible que unos 10.000 aborígenes y al menos 1.000 europeos murieran en Queensland como consecuencia de una disputa fronteriza. Aunque se pidió oficialmente que se frenaran las acciones de violencia contra la población aborigen, la política colonial favorecía a la población europea. Una vez que se "sometió" a los aborígenes, la policía comenzó a actuar de "protectores". Esto coincidió con la creencia del cambio de siglo de que los aborígenes eran una raza maldita, abocada a la extinción. La policía y los "colonos" tenían intereses comunes y todavía en los años sesenta la policía siguió llevando a cabo numerosas expulsiones de aborígenes de sus tierras en Queensland. Obligaban a la gente a marcharse de los lugares donde bebía el ganado.
En Nueva Gales del Sur y Queensland se crearon cuerpos de policía nativos, que tenían una bien ganada reputación de violentos. A los que escapaban de ellos se les disparaba, y a la "policía nativa" que se quedaba con las fuerzas se la enviaba a zonas remotas de sus tierras para que "dispersaran" a los aborígenes que aún vivían en sus tierras tradicionales. En palabras de un oficial de la policía, esto simplemente significaba "dispararles".
Con excepción de los casos más graves, era habitual que los blancos fueran declarados inocentes de los asesinatos de aborígenes. En un estudio llevado a cabo por el tribunal itinerante del Northern Territory entre 1882 y 1894, sólo la cuarta parte de los europeos acusados de actos violentos contra los aborígenes eran declarados culpables, y ninguno era ejecutado, a pesar de la gran proporción de casos de asesinato.
Hubo muchas masacres, y una de las más notorias fue la de Myall Creek, en Nueva Gales del Sur, en 1838, en la que se ató a 28 aborígenes, se les llevó tras una colina y se les descuartizó. Quizá una de las razones por las que esta masacre es tan conocida sea porque fue una de las pocas ocasiones en que se castigó a los culpables.
En la masacre de Conniston, en el Northern Territory, en 1928, los blancos admitieron haber disparado a 31 aborígenes tras la muerte de un trampero blanco a manos de un hombre Warlpiri enfurecido porque el blanco estaba abusando de su mujer. Los Warlpiri creen que murieron muchos más. El policía que conducía a los grupos violentos fue exculpado en una investigación oficial.